Ley del buen samaritano
Primeros Auxilios y RCP Singapur
El Buen Samaritano: compasión y protección
Tomada de la Biblia (Lucas 10:25-37), la parábola del Buen Samaritano narra cómo un viajero dado por muerto es socorrido por un desconocido que lo cura y vela por él. Más allá de su contexto religioso, transmite un mensaje universal: la obligación moral de socorrer al prójimo en peligro, con compasión y altruismo.
Inspiradas en este principio, numerosas leyes del Buen Samaritano se han promulgado en todo el mundo para proteger frente a demandas a quienes prestan asistencia de buena fe en una emergencia. Sin embargo, el alcance exacto de esa protección varía de una jurisdicción a otra: a continuación encontrará lo que dispone la ley aplicable a su región.
Su proteccion bajo la ley
Singapur no tiene una ley de buen samaritano específica: la cuestión se rige por el common law, y en 2021 el ministro de Justicia declaró ante el Parlamento que dicha ley no se consideraba necesaria. Según el common law, el riesgo de responsabilidad es bajo: la responsabilidad civil por lo general no recae sobre el samaritano que actúa por necesidad con el cuidado razonablemente exigible, y la responsabilidad penal exige en principio intención dolosa. Hasta la fecha, de hecho, no se ha reportado ningún caso local de demanda contra un buen samaritano.
Sin obligacion de actuar, pero con todas las razones para hacerlo
En Singapur ninguna ley obliga a prestar auxilio: la intervención sigue siendo una decisión libre, fomentada por iniciativas ciudadanas y no impuesta por una sanción. El demandante que quisiera responsabilizar a un rescatista tendría además que probar que habría estado mejor sin esa ayuda, un requisito que hace muy improbable semejante reclamación. En la práctica, quien actúa de buena fe y con sensatez puede intervenir con tranquilidad.
Por que la capacitacion es importante
Singapur ha hecho del acceso público a los desfibriladores y de la formación ciudadana una prioridad, porque las cifras son implacables: sin reanimación, las probabilidades de sobrevivir a un paro cardíaco caen alrededor de un 10 % con cada minuto. En una ciudad tan densa, la emergencia puede ocurrir en un centro comercial, una estación de MRT o un bloque residencial, y es el testigo más cercano quien da a la víctima sus mejores probabilidades, mucho antes que la ambulancia. Una formación en RCP y primeros auxilios le enseña a reconocer el paro, a comprimir sin descanso y a usar un desfibrilador con confianza. Capacitarse es unirse a una comunidad de ciudadanos dispuestos a actuar, y convertirse en el eslabón decisivo de la cadena de supervivencia.